EL ESCUDO NO JUEGA

Por Richard Méndez

Hace varios años me costó mucho acostumbrarme al cambio de nombre del país, que un día pasó de llamarse República de Venezuela para ser “República Bolivariana de Venezuela”. Luego cambiaron la dirección de Palomo y ahora el caballo de Bolívar corría en dirección a la izquierda dando un cambio de rumbo de 180 grados. Los cambios en los símbolos fueron más allá y a la bandera le sumó una estrella para ser ocho y no siete. En aquellos días sentí como si me hubiesen secuestrado parte de mis raíces y más cuando  soy el tipo de persona que se resiste a los cambios drásticos en el diseño de los símbolos con los que crecí y los que me enseñaron tanto en casa como en la escuela a respetar y defender. 

Pasó el tiempo y no quedaba más remedio que acostumbrarse a un cambio con el que nunca estuve de acuerdo, pero al fin y al cabo comprendí que no dejaría de ser lo que soy por los cambios que existan en el nombre, el escudo o la bandera. Sigo siendo venezolano y el país lo sufro cada día como el motivo del insomnio cada vez que los recuerdos asaltan el pensamiento.

Esta vez el cambio radical tuvo que ver con el escudo de la Vinotinto, pero no fue un viraje a la izquierda ni una estrella de más. Esta vez sí cambió completamente al punto de ser irreconocible. El shock emocional de muchos probablemente tenga que ver con la expectativa que tuvimos de un refrescamiento de imagen, algo que tal vez no se alterase tanto. Pero es que hasta el balón se fue y dejó de tener ese estilo tradicional de escudo de equipo de fútbol y el diseño hace ruido visual porque me recuerda demasiado al de Ecuador que casualmente fue rediseñado por la misma agencia creativa. 

Lo reconozco, no me gusta en absoluto el nuevo escudo pero no queda más remedio que acostumbrarse a verlo y a vestirse de Vinotinto con esta nueva versión de diseño. No dejamos de ser Venezolanos cuando nos cambiaron los símbolos patrios y tampoco dejaremos de emocionarnos cuando salte a la cancha la Selección. El fútbol es algo que se arraiga con idéntica fuerza que el gentilicio. El escudo no nos hará mejores en la cancha ni tampoco peores, apenas es un diseño con carga emocional de identidad por nuestra camiseta nacional. El escudo no juega, los futbolistas si.

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